El cariño y la consideración no se exigen, nacen de manera natural como el agua de los manantiales que uno disfruta y no sabe de donde vienen. Y duele tanto cuando la persona que debería cuidarte, te descuida y rompe tu corazón, con cosas tan simples, o que por lo menos parecen tan simples para ti.
Y le entran a uno deseos de hacer una pataleta, de llorar y preguntar por qué, y es tanto el dolor, que se confunde con rabia.
Se hace tan cierto eso de que es mejor no esperar nada de nadie, para poder ser feliz.
Yo aún no he logrado aprenderlo...



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